Ponencia presentada en las
Jornadas: “Mar del Plata le dice NO a la trata”. Mesa interinstitucional de
lucha contra la trata de personas. 26-10-2013. Mesa sobre: La asistencia a las
víctimas del delito de trata de personas.
Título: “Qué es la
prostitución y qué daños produce”. Lic. Leonor G. Núñez. Coordinadora de la
Comisión frente al trabajo esclavo, la explotación, la trata y el tráfico de
personas de la
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos –
APDH-Argentina.
Agradezco al Fiscal Daniel Adler la invitación
a participar en éstas Jornadas.
Al finalizar ésta mesa ofreceré a quien lo requiera asesoramiento pautado en la confidencialidad y el anonimato sobre éstos temas.
Desde muchos años atrás la APDH viene manifestándose tanto en el país como en fueros de NNUU frente al delito de la trata por entender que además de ser un problema de seguridad también lo es de derechos humanos.
Al finalizar ésta mesa ofreceré a quien lo requiera asesoramiento pautado en la confidencialidad y el anonimato sobre éstos temas.
Desde muchos años atrás la APDH viene manifestándose tanto en el país como en fueros de NNUU frente al delito de la trata por entender que además de ser un problema de seguridad también lo es de derechos humanos.
Este año avanzamos al
constituir una Comisión específica integrada por Gilou García Reinoso, María Elena Naddeo , Natalie Naveira y los
abogados Paula Alvarado
-a cargo de la problemática de los pueblos originarios y Pablo Pérez Ledesma.
El delito de trata se
configura como una violación de los DDHH cuando los responsables directos o
indirectos son agentes del Estado o cuando ocurre porque el accionar del Estado
resulta insuficiente para prevenir investigar o sancionar, es decir por omisión
o negligencia en el accionar de dichos agentes, dado que sostenemos la
responsabilidad excluyente del estado como garante de los derechos humanos. No
obstante, reconocemos y asi lo hemos informado en NNUU, las políticas públicas
que se han desarrollado en los últimos años están revirtiendo el escandaloso
silencio estatal que por décadas terminó prohijando a la institución
prostibularia y a su inevitable consecuencia: la trata.
Como organismo histórico de
DDHH entendemos que a la vez de exigir eficacia al Estado en la lucha contra el
delito de trata, tanto para explotación sexual o como para explotación laboral,
será indispensable concientizar sobre las problemáticas sociales que generan
las condiciones para que éste delito ocurra y que en el imaginario social son
opacadas por prejuicios sexistas, étnicos, homofóbicos o de clase.
Los dos principales determinantes
son en el primer caso, la institución prostibularia: una de las formas más
antiguas y populares del desprecio y la discriminación contra las mujeres.
Y en el segundo caso, la
discriminación hacia sectores empobrecidos, particularmente los pertenecientes a
etnias de pueblos originarios.
Desde el principio de los tiempos históricos se plasmó la hegemonía de un sexo sobre el otro. Heródoto ya contaba los habituales secuestros de mujeres en los comienzos. Y en la historia escrita por varones se creó la leyenda de
Para quien le interese traje
una biblia católica con las citas marcadas. Sé lo difícil que es escuchar un
punto de vista diferente al que es tendencia, cuando un filtro de creencias,
prejuicios y mitos anestesiantes bloquean los sentidos. Sin embargo, para
analizar rigurosamente a la institución prostibularia es indispensable comenzar
por deconstruir el *mito de la
prostituta*. Es decir, obligarnos a evitar esa denominación que impone tomar un
rasgo como si bastara para definir y otorgar identidad. Coincido con Silvia Chejter cuando
interroga sobre quién es el sujeto de la prostitución. Para
quienes sostenemos que es la demanda la que determina a la oferta – ésta será
la única alusión económica que plantearé sobre la prostitución- en oposición a la
refutable y pre keynesiana Ley de Say que sostiene que la oferta determina la
demanda, se hace evidente que el sujeto de la prostitución es quien prostituye
o dicho de otro modo es quien demanda poder prostituir.
Claro está que éste planteo además de
modificar el discurso también lo hará con la interpretación de los roles y de
las responsabilidades. Es la razón por la que en los documentos de la APDH
sobre ésta grave problemática social encontrarán que nos referimos exclusivamente
a la “situación de prostitución” interpretando que eso es lo que se intentó
expresar cuando al legislar se sostiene que “la prostitución no está penalizada
y sí lo está la explotación de la prostitución ajena. El “mito de la
prostituta” se infiltró en éste aparente juego de palabras y la repetición
acrítica cristalizó el malentendido. Porque si la institución prostibularia no
estuviera prohibida no habría razón alguna para sostener la figura delictiva
del proxeneta o del/a regente.
La naturalización de la
identificación de las mujeres con la prostitución es de tal grado de
irracionalidad que automáticamente cuando se habla de prostitución se piensa en
una mujer a la que se etiqueta como prostituta.
En resumen: lo que no está
penalizado es la situación de prostitución. Lo que hace la persona parada en la
esquina o dentro del prostíbulo es exponerse a ser prostituída por una simple
razón: nadie puede prostituirse en soledad debe ser otra persona quien la prostituya. Desde
éste punto de vista la expresión *se prostituye* debería referirse a quien
prostituye y no a quien es prostituída/o. Cuando roban a alguien no lo
comunicamos diciendo *se roba*, tenemos claro que el o la ladrona es otra
persona porque nadie se roba a sí misma.
La definición tradicional de
la prostitución como canje de sexo por dinero por su variopinta interpretación
genera confusión –a veces tan descabellada como para afirmar que el matrimonio
podría considerarse una de las formas- describiré a la situación de
prostitución en una imagen algo bizarra pero que grafica la escena
prostibularia como “penetraciones seriales de todos los orificios factibles de
ser penetrados por diferentes códigos genéticos, es decir siempre por
diferentes varones”. Y me refiero sólo a varones porque el número de las
prostituidoras de varones o de mujeres se restringe casi exclusivamente a grupos
de muy altos ingresos y continúa careciendo de toda significación estadística.
Entonces: quien ejerce la
prostitución es quien prostituye y nunca quien es prostituída/o.
La institución prostibularia tiene establecidas sus normas en
todo el planeta, es transcultural y goza de una popularidad similar al deporte
preferido de cada lugar, aquí, por ejemplo, es tan popular como el futbol. De
ahí el reconocimiento de las dificultades para cuestionarla. Pero el coraje
para discutir su razón de existir no surgió por generación espontánea, lo hemos
obtenido –como es mi caso- en el transcurso de más de cinco décadas por
constatar una y otra vez los daños excepcionales –y renegados por la mencionada
popularidad- que a veces son irreversibles, otros generan la transformación de
personas prostituídas en replicadoras de daños ejerciendo funciones de
promotoras, facilitadoras, reclutadoras, regentas/es o proxenetas y otras personas
afectadas cometen suicidio. De entrada son dos las situaciones básicas que debe
enfrentar una persona en situación de prostitución: el miedo y el asco. Es
habitual el uso de sustancias para disolver la repulsión y el temor como
también para darse ánimo y poder transformar su intimidad en pública.
Algunas/os integrantes
del equipo de salud hemos asumido el imperativo ético de denunciar a la
institución prostibularia como institución dañina y criminal, opacar o negar
sus consecuencias individuales, sociales y culturales equivaldría a una
evidente complicidad.
Por ésto nos hemos comprometido en el apoyo a las personas
que habiendo vivido o viviendo en situación de prostitución reconocen sus
efectos y la denuncian.
Son personas, mujeres, personas trans o varones que enfrentan
su realidad con valentía y un gran compromiso social para poner en crisis a
ésta institución milenaria y ahora tan mediática. Parten de una subjetividad
prostituída y en muchos casos arrasada y realizando un portentoso trabajo
anímico recuperan su autonomía emocional, de pensamiento y de
acción y se proyectan a un futuro -en muchos casos comenzando por
alfabetizarse- de recuperación de
derechos, de reparación personal y de su red social.
Existen grandes dificultades para difundir los daños
prostibularios. Los registros y las estadísticas brillan por su ausencia. En
relación a los daños físicos, recabar datos médicos es un arduo trabajo.
Algunas/os médicas/os directamente niegan atender personas en prostitución,
otras reconocen que no han publicado nada. Los datos más conocidos se refieren
a las ITS. En una entrevista personal una médica a cargo de un CESAC de CABA me
refirió que en las personas expuestas a la prostitución es muy frecuente la
infección por el VPH, se registran casos de sífilis con secundarismos y también
congénita, hepatitis B, C y VIH. También dolores habituales en mamas y en
genitales. Y en cuánto a lesiones, los desgarros anales con incontinencia fecal
son más frecuentes que en el resto de la población y más aun los desgarros de
cuello de útero. La institución
prostibularia tiene como característica ejercer una especie de *atrapamiento*
aunque no implique encierro. El *atrapamiento* es psíquico y vincular.
Determina con quien interactuar y con quien no. La subjetividad se construye en
relaciones de poder y el poder prostibulario es omnímodo. Determina un léxico
particular, modos defensivos violentos o fóbicos, estimula la capacidad de
fabulación e instala a la persona en un magma de desconfianza generalizada. La
lista de daños es demasiado extensa como para continuar ahora, pero su
conocimiento nos autoriza a sostener que son daños excepcionales, por su
profundidad y permanencia. Por ej. es la única actividad que expone al embarazo
no deseado.
Sin embargo, circulan argumentos en defensa de los
prostíbulos –cualquiera sea la denominación encubridora que se elija-, de las
zonas de prostitución o de *la esquina*. En cualquier caso, la persona expuesta
a la prostitución –con o sin proxeneta pero siempre bajo algún tipo de tutela
policial, enfrenta:
al asco, a la violencia, a situaciones de consumo de
sustancias psicoactivas propias o de quien la prostituye a la demanda de niñas
o niños –recomiendo leer la investigación coordinada por Silvia Chejter *La niñez
prostituída* y particularmente en lugares cerrados a la demanda de exotismo. Sonia Sanchez nos
comentaba días atrás que en Chaco se están demandando niñas de pueblos
originarios en lugar de mujeres dominicanas.
Sólo negando la condición humana igualitaria de todas las
personas y los daños múltiples, diversos y excepcionales que produce la
institución prostibularia, es posible aceptar que continúe existiendo.
Las leyes para perseguir los delitos de explotación sexual y
trata son necesarias pero insuficientes si no las correspondemos con los
imprescindibles cambios culturales a los que estamos convocando. Por supuesto,
esto es sólo un esbozo, el tema da para un seminario. Muchas gracias.
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