VIH/SIDA: Integración=Prevención vs. Discriminación=Daños – Actualizado -
Artículo incluído en la 2ª. Edición de: “DISCRIMINACIÓN: Un abordaje didáctico desde los derechos humanos”. Elaborado y editado por la Comisión de Educación de la A.P.D.H. Asamblea Permanente por los Derechos Humanos con el auspicio del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2005.
La historia sociocultural del VIH/SIDA registra una singular y siniestra paradoja. Por una parte se trata de una pandemia caracterizada por el mayor avance en conocimientos (biomédicos, psicosociales, culturales y económicos) en situaciones de epidemias jamás registrados en la historia humana. Al mismo tiempo, dichos conocimientos han sido y son condicionados y distorsionados en sus efectos benéficos por prácticas, modos de intercambio y discursos utilitarios, discriminatorios, mistificadores, represivos y en todo caso favorecedores de la expansión de la pandemia.
La construcción, de prejuicios discriminatorios y mitos de riesgo de infección, miedo y discriminación se originaron, a mi entender, en las primeras noticias erróneas difundidas en la década de los 80', por funcionarios de salud de los Estados Unidos. Impacta que los efectos señalados aún persistan. Es que como en toda epidemia, pero particularmente en las que incluyen la transmisión sexual, tan necesaria es la información como su análisis crítico. Las creencias y los estilos de poder que se ejercen en las relaciones sexuales, resultan determinantes a la hora de establecer hábitos para la preservación de la salud, la vida y el placer.
Así, para que la información coadyuve a la inteligencia de la problemática, a la prevención y a la asistencia eficaces, debe reunir ciertas características: ser realista, fundamentada, documentada, comprobable y contenedora. Lejos estuvo, la información circulante por aquellos años, de reunir éstos requisitos básicos.
Ya comenzada la 3ª. década de la epidemia aún sufrimos las consecuencias de los primeros anuncios, nacidos de: la perplejidad, el miedo pánico frente a una enfermedad emergente, los prejuicios sobre la sexualidad humana y (en aquel entonces) la ignorancia del equipo de salud, tanto sobre el agente causal como por consiguiente, sobre las medidas más adecuadas para la prevención y la asistencia de VIH/SIDA.
En aquel entonces se carecía de tratamientos eficaces.
Contra lo que esperábamos, en todo éste tiempo, los prejuicios contra las personas que viven con VIH/SIDA además de persistir se han sofisticado y los mitos de riesgo en relación al VIH se han diversificado.
Esta situación ha motivado a ONUSIDA (Programas contra el VIH/SIDA de las agencias de Naciones Unidas) a centrar a las últimas campañas mundiales tanto en el estigma, la discriminación y los derechos humanos, como en la concientización del incremento del riesgo de infección en mujeres. A los objetivos de "prevenir, reducir y, en última instancia, eliminar el estigma y la discriminación relacionados con el VIH/SIDA, dondequiera que se produzcan y en todas sus formas" se agrega la necesidad de trabajar por la equidad entre ambos sexos.
La persistencia de la discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA o sus familiares, particularmente en ámbitos laborales y educativos resulta una injusticia y una equivocación inadmisible.
Aquellas primeras comunicaciones suponían erróneamente que el origen de la epidemia de VIH se debería a expresiones de la sexualidad humana que se diferencian de la predominante heterosexualidad. Al respecto se desplegaron, sin pudor alguno, floridos argumentos antidemocráticos e irracionales atribuyendo a la heterosexualidad una delirante "inmunidad moral" (sic) frente al VIH.
Eran habituales las referencias a una supuesta peste rosa o cáncer gay tanto en escritos de los equipos de salud como en los medios masivos de comunicación social, cuando aún se desconocía al agente causal y sus vías de transmisión . Al mismo tiempo los casos de mujeres y niñ@s infectad@s prácticamente se silenciaban. Aún hoy puede comprobarse, hasta en ciertos textos universitarios, la referencia errónea y repetida hasta el hartazgo, a un supuesto comienzo de la epidemia en "hombres blancos homosexuales" (sic). Este error sólo resultaría patético si no continuara produciendo diversos tipos de daños.
Toda la población fue y es confundida. La discriminación como estrategia de trato de inferioridad, de exclusión de oportunidades iguales, de descalificación moral, en relación a la epidemia de VIH/SIDA ha tenido resultados catastróficos. En la comunidad heterosexual se generó la ilusión de invulnerabilidad. En tanto en la comunidad homosexual que también fue y es culpabilizada; se llegó a creer que se trataba de un "virus ideológico", es decir, un rumor con meros fines intimidatorios que carecería de riesgo de infección. Así, muchas personas comenzaron a establecer medidas de autocuidado recién cuando tuvieron referencia de enfermos de su inmediato conocimiento. Pero como la epidemia de VIH/SIDA es una realidad biológica-social concreta, puede producirse por: 1) la transmisión sexual (por ausencia de protección) y más allá del sexo de las personas involucradas. 2) por transmisión sanguínea (transfusiones de sangre infectada e intercambio de elementos punzo-cortantes.
3) por transmisión de la mujer que vive con VIH y a su hij@ durante el embarazo, el parto (cuando no se ha tratado y programado para prevenir la infección por VIH) o el amamantamiento.
Así, se produjo un sostenido aumento de casos de SIDA en mujeres seguido de un inusitado número de casos en niñ@s. Es decir, tanto la discriminación contra sexualidades diferentes a la predominante heterosexualidad; como la discriminación contra las personas que viven con VIH/SIDA (PVVS) o contra las mujeres (violencia física y/o simbólica o violación de sus derechos sexuales/reproductivos ) generaron y generan condiciones favorables para la expansión de las epidemias de VIH/SIDA.
Muchos integrantes de equipos de salud llegaron a incumplir la instrumentación "universal y permanente" de las medidas de bioseguridad, cuando atendían a personas que sus prejuicios consideraban exentas de riesgos, bajo el pretexto de "tener buen ojo clínico". En cambio, son innumerables los casos de negativa a la atención médica, odontológica y psicológica a PVVS. Fue necesaria una permanente acción comunitaria en defensa de los derechos de las PVVS para revertir ésta situación. Tal situación en muchos casos tambien afectó (paradójicamente) a integrantes de equipos de salud. Es que, quien más discrimina menos se protege.
Asimismo, florecieron mitos de riesgo en relación al origen del virus, a la conducta de las personas que viven con el virus, a curas mágicas y a la supuesta inevitabilidad tanto de la enfermedad SIDA como de los efectos indeseables de los medicamentos antivirales.
Un ejemplo del surgimiento de curiosas creencias erróneas lo comprobé en una gran extensión de nuestro país: que la epidemia habría comenzado en 1995, año del fallecimiento de un actor estadounidense. Lamentablemente su coraje de enfrentar el riesgo de la descalificación social, en lugar de suscitar el reconocimiento social para muchos sólo representó la confirmación de sus prejuicios.
Por entonces, creo que tantos prejuicios discriminatorios lograron que, la primera Campaña del Ministerio de Salud (1987 a 1989) -la única que recibiera el Premio Pléyade por su perfil integrador, en defensa de los derechos humanos de todos- pasara injustamente al olvido. En relación a los conocimientos actuales sobre el origen de la epidemia de VIH, el Dr. Manuel Gómez Carrillo del Centro Nacional de Referencia para el SIDA de Argentina refiere: “ de acuerdo a evidencias científicas concretas, el VIH tiene origen en virus similares que infectan diversas especies simianas (chimpancés, macacos.etc.). La infección de personas con virus de los simios es un evento que ha sido demostrado en Africa Central a partir de la caza de estas especies con fines alimenticios. Según estudios realizados en la década del 90 se pudo establecer que ocurrieron varios eventos de infección en humanos entre 1920 y 1940 que llevaron a la adaptación del virus a la especie humana dando origen al VIH que conocemos actualmente”.
La epidemia de VIH/SIDA comenzó a fines de la década de los 70' en Africa y Estados Unidos,
en registros históricos han quedado demostrados casos aislados en hombres y en mujeres desde fines de la década de los 50' en el hemisferio norte y en Africa. En nuestro país el primer caso en un hombre se diagnósticó en 1982 y en una mujer en 1987. En aquel entonces la relación hombre-mujer era de 91, hoy se redujo a 2.9.
La mayoría de las mujeres infectadas se reconocen heterosexuales y no consumen drogas por vía endovenosa. He constatado que en algunos casos se discrimina a las mujeres que viven con VIH/SIDA cuando se les deniega el derecho a procrear, aunque las nuevas estrategias de prevención del VIH en el embarazo y el parto son muy eficaces. Parecería que ésta circunstancia configura un límite para quienes militan contra el aborto y aún en casos humanitarios (violación o anencefalia) . El VIH sí les suele parecer una causal suficiente para abortar. Si bien sabemos que internacionalmente se acepta que los derechos individuales pueden limitarse por razones de salud pública (OPS), en relación a la epidemia de VIH/SIDA todas las limitaciones han resultado contraproducentes. En epidemias anteriores, la característica principal del control tradicional de las enfermedades de transmisión sexual fueron la aplicación de prohibiciones y sanciones (OPS). La problemática del VIH/SIDA obligó a establecer innovadoras estrategias, creo que la más importante es el aporte de las mismas PVVS a las estrategias preventivas y asistenciales, además del compromiso comunitario de los equipos de salud y educación.
Pensemos que ésta epidemia irrumpió en pleno auge de la antibioticoterapia y otras tecnologías biomédicas, cuando se suponía posible el control inmediato de cualquier patología. Hubo que enfrentar varios malentendidos, como por ejemplo la demanda de realización de pruebas prematrimoniales, como si se tratara de una infección controlable por un tratamiento de corto plazo. En realidad, se trata de una infección crónica que puede ser tratada de por vida. Razón por la cual las pruebas prematrimoniales eran sólo eficaces instrumentos de discriminación pero, inútiles para la prevención. Sí , resulta imprescindible la consulta médica infectológica. En cuanto a la responsabilidad de las PVVS en la transmisión sexual es necesario reconocer que la responsabilidad es común a todas las personas. Establecer un grado de responsabilidad mayor por el hecho de vivir con VIH/SIDA oculta una forma refinada de discriminación, el problema del VIH/SIDA es de toda la especie humana y todas las personas deberán asumir su propia responsabilidad. Una de las estrategias que logramos superar fue la denominada “investigación de contactos”, por sus efectos represivos y persecutorios. Los beneficios de su reemplazo por la metodología del Asesoramiento preventivo y asistencial han resultado comprobables tanto en: el autocuidado, como en el compromiso de las personas que viven con VIH/SIDA para con el tratamiento médico, como en el cuidado hacia sus parejas sexuales y en el fortalecimiento de su red social.
Por último, es necesario tener presentes las dos acepciones del verbo discriminar. En primer lugar: distinguir, discernir, apreciar dos cosas como distintas o como desiguales. Es decir, es una operación intelectiva indispensable para la comprensión y el conocimiento. En cambio, la 2da. acepción se refiere a una acción en relación a otros: dar trato de inferioridad a una persona o a una colectividad por motivos religiosos, raciales, políticos, etc. Resulta de fundamental importancia evitar la confusión entre una y otra acepción. Son otras las epidemias que requieren el aislamiento de las personas para su propia protección y la del resto de la población. Muy por el contrario, la epidemia de VIH/SIDA podrá ser enfrentada con eficacia si y sólo si es posible lograr la integración de las PVVS, con cuyo aporte hemos podido defender los derechos de todos y aprender a enfrentar las epidemias a escala humana.*
Lic. Leonor Nuñez - Psicóloga. Asesora sobre VIH/SIDA en D.O.S.U.B.A. e integrante del Consejo de Presidencia y las Comisiones de Salud y de La Mujer y sus Derechos de la APDH y Acción Solidaria En Salud. Junio 2005.
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